La silueta de Ana Mendieta a través del tiempo. Comentario crítico de artista vista en clase.

Mendieta considera al arte conceptual como predominantemente masculino, el cual tiene una pulcritud aparente antitética a su estética, la cual más bien es visceral. Pero no se aleja totalmente del arte conceptual, pues en su obra se explora la reinterpretación del readymade duchampiano.


Medieta descubre la cualidad de apariencia en las obras hacia 1972, pues ella entendía por “real” un poder de la imagen, una magia. Reconocida como artista de género, Mendieta es más que esa categoría. Reconoce muchos simbolismos dentro de otras culturas (vid. Facial Hair Trasplant) como el hecho de acentuar que el cabello es una expresión de poder. Mendieta dijo al respecto: “después de mirarme en el espejo, la barba se hizo real”.


La futura artista cubana fue exiliada junto con sus padres en Estados Unidos aún siendo muy joven, hecho que la marca dentro del rechazo social, aunando a esto su nacionalidad. Sin embargo, a lo que me refería con que Mendieta es más que una artista de género, reside en que mediante su cuerpo documenta procesos rituales de transformación, de disolución, destrucción de identidad sexual, étnica y hasta cultural. La referencia de estos temas se proyecta hacia cualidades primigenias reconocibles en muchas culturas: desde el reconocimiento de la madre como la figura central de la comunidad, hasta el proceso natural nacimiento-sexualidad-muerte.


En sus primeros trabajos, Mendieta buscaba un realismo escatológico que aludía a un verismo… un verismo que terminó como premonición de su propia muerte, cuando doce años antes de la misma (1985), representa en Clinton St.: Dead on Street una escena en la que ella aparecía inerte. Para Mendieta, la muerte es una condición previa de una nueva vida. Esto es análogo a su situación como inmigrante en un país que denigra a los latinoamericanos. Al respecto de las obras netamente necrológicas pueden revisarse: On Giving Life (1975) y Flowers on body (1973).


La distancia entre su arte y el conceptual reside en la disyuntiva de lo escatológico. Yo corregiría el término y lo sustituiría por “organico”: el arte de Mendieta busca una mayor organicidad respecto a materiales que el arte conceptual que hacen sus contemporáneos. La naturaleza es un puente en el que refleja su identidad latinoamericana y el acento en los mitos. En Siluetas, Mendieta integró su efigie a la naturaleza interviniendo el paisaje siendo según ella “una nueva forma de reivindicar mis raíces, de convertirme en una con la naturaleza”.


Finalmente resta decir que si referimos Esculturas rupestres (1981), obra que recuerda hallazgos arqueológicos, no remite a un asunto de la memoria y la nostalgia, podemos acotar que lo que buscaba la artista es denunciar la hegemonía política, tecnológica y cultural de los sistemas objetivos encargados de las excavaciones, lo que la vuelve una artista política en potencia.